Una trama muy bien urdida y lo que es mejor, concentrada en la parte final de la novela

E-King, de Javier Díez Carmona
Visión desoladora y realista de la sociedad, en formato de novela negra

Sergio Torrijos

La novela se inicia con la desaparición de Adela Martínez, ama de casa de lo más corriente en un barrio popular de Barcelona. Dos policías, en esta ocasión mossos, Xavier Font y Roser Colom, son los designados para esclarecer los hechos en torno a ese supuesto delito.

La violencia de género sobrevuela sobre la trama, en especial al ir desentrañando la vida diaria de la desaparecida y de paso el autor va mostrando lo que la sociedad actual nos depara. Violencia, consumismo, una destrucción paulatina de valores y lo que al fondo de ellos se encuentra, para el autor, que es la soledad más absoluta.

Como novela negra, que lo es y mucho, no se detiene en analizar los problemas que nos acosan, los expone y lo hace con un rigor y una rotundidad encomiable. La visión de la sociedad que Javier Díez Carmona hace es desoladora pero no es nada que no veamos si nos damos un paseo por cualquier ciudad de nuestro país. La crisis, el modelo de sociedad, el sistema económico y un montón de referentes más han eclosionado, todavía está por ver la calidad de semejante eclosión, y el resultado es poco más que brutal. Lo que hace el autor es dar fe, a modo de notario, de una realidad empecinada. Y aunque parezca más liviano lo que el autor nos muestra es una destrucción de todos los moldes que como sociedad poseíamos. Lo hace uno a uno, mostrando, en algunos momentos con cierta exageración, en donde han devenido y la verdad que no son nada agradables.

Esta novela, junto a otras de reciente edición y que se internan en ese infierno que han creado llamado “crisis”, inauguran un género, desde mi modesto punto de vista, que es la literatura de la miseria, algo semejante a la llamada literatura de los escombros en la Alemania post bélica y que era la representación de una realidad muy cercana. Con esta ya he leído tres novelas que versan sobre el particular y es claro que la literatura muestra lo que existe en la calle a modo de altavoz aunque sea a un tiempo y ritmo muy particular.

El autor se acerca a un tipo de literatura que está entre lo negro y lo realista. La obra me ha recordado, en su ambiente, a ciertas novelas de los años ‘60, esas que reflejaban un país en blanco y negro, mísero, ruin y cruel. E incluso en la propia prosa del autor, que cuando navega libre, pues tiene tendencia a la frase larga, incide en ese particular. Esa libertad a veces la constriñe con frases cortas provocando el efecto contrario al deseado, entorpece la narración. Aunque sea más económica y de más sencilla lectura, la frase corta, no es un canon en sí misma. Se percibe, de sobra, que al autor le sienta mejor y se encuentra más cómodo en la frase larga, subordinada y complicada, a lo cual no debería renunciar porque cuando lo hace pierde en esa pelea. Es el estilo propio y la concepción de la idea a transmitir la que determina la frase que lo muestra, ese punto debe ser irrenunciable para el autor y para muchos otros.

Volviendo a la novela, me ha encantado la trama, el sinuoso camino que el escritor sigue, provocando golpes de efecto, creando callejones sin salida, otros que parecen prometedores pero que no lo son, en fin una trama muy bien urdida y lo que es mejor, concentrada en la parte final de la novela donde se mezcla con un gran ritmo narrativo, dejando para crear un final de categoría.

En resumen y para ir finalizando, una obra interesante, con momentos de dureza, tal vez demasiada, en el fondo es una novela mucho más negra de lo que habitualmente se vende como tal. Con una trama muy bien realizada y ejecutada y con algún pero en cuanto a la redacción. Sin duda el autor es interesante y con el paso del tiempo mejorará, por ahora se lo recomiendo, échenle un ojo a la novela, se lee con gran facilidad y merece la pena.

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