La descripción del desencanto y la postración de la Nicaragua postrevolucionaria

Eder Campos es un profesor que, aunque nunca ha estado a favor de la lucha armada, por lealtad a su amigo Koldo, miembro de ETA, accede, si bien a regañadientes, a guardarle un maletín. Cuando el comando al que pertenece Koldo es desarticulado y su propio amigo muerto por las fuerzas antiterroristas del Estado, Eder tendrá que huir y, sin darle tiempo a pensárselo, recalará en Nicaragua, en la que se van a celebrar unas elecciones que pueden suponer el regreso al poder del sandinismo.
 
Personajes: Eder Campos, hombre pusilánime y sin excesivo coraje, pero leal a sus amigos, Maite, su exnovia, heroinómana, que ve en el retorno con Eder su última posibilidad de recuperarse y va a buscarle a Nicaragua, Núria y Rosa, cooperantes catalanas que participan en una campaña de alfabetización y apoyo al sandinismo, la primera más joven y que se siente atraída por Eder, la segunda algo más mayor, recelará pronto de Eder, Yadira, mujer nicaragüense, revolucionaria y luchadora, que acoge en su casa a los cooperantes, Txuma Aldazabal, exnovio de una militante de ETA muerta al ser desarticulado el comendo dirigido por el amigo de Eder y que culpa a éste de su muerte, José Flores, campesino nicaragüense viudo, que vive solitario, exuniversitario y antiguo combatiente sandinista.
 
Aspectos a Destacar: La descripción del desencanto y la postración de la Nicaragua postrevolucionaria, sin que por ello se pierdan las esperanzas de los nicaragüenses más humildes, a través de una historia en la que está también muy presente la situación de Euskal Herria, con sus luces y sombras.
 
La Frase: Maite ya no existe. Su cuerpo lo ocupa un veneno polvoriento, un desconocido que, a través de sus venas, se adueña de la mujer que, siglos atrás, supo adueñarse de su vida. Koldo forma parte del comando Bizkaia. Y él hace sustituciones en un instituto, pelea con los restos de su hipoteca y vaga de bar en bar con la esperanza, siempre vana, de tropezar en uno de ellos con una Maite limpia de heroína, con un Koldo al margen de la lucha armada. La vida es una mierda.
 
José Javier Abasolo