Correr a ciegas,(...) es de esos libros que cualquier aficionado al género negro debería leer inmediatamente.

ENTRE BILBAO Y MANAGUA

 

La novela negra en el estado español está pasando por un momento extraordinario de renovación y buena parte de ella parte de territorios considerados tradicionalmente como periféricos. A la pléyade de autores catalanes que escriben en castellano -nombres como Empar Fernández, Toni Hill, Lluc Oliveras, Susana Hernández, Jordi Ledesma… por citar sólo unos cuantos- se le deben sumar unos cuantos valencianos o murcianos afincados en Valencia, los buenos quehaceres llegados desde Canarias con Alexis Ravelo al frente del dream team insular y, por supuesto, los autores vascos que escriben en castellano -imagino que debe haber una excelente colección de autores que escriben en euskera así como hay una auténtica marea de autores que escriben novela negra en catalán en los últimos tiempos y sería interesante que tanto unos como otros fuesen traducidos y publicados en el resto del estado.

En 2012 la editorial Meteora decidió hacer una apuesta arriesgada y publicar Correr a ciegas, una de esas excelentes novelas negras escritas en castellano desde la periferia del Estado. En este caso su autor es Javier Díez Carmona y lo único de lo que me arrepiento es de haber tardado casi tres años en leerla. Porque es muy buena. La apuesta era arriesgada porque la editorial es de Cataluña y en su catálogo abundan las publicaciones en catalán -de inmensa calidad en muchos casos y escasa repercusión crítica en otros tantos- y porque la novela de Javier Díez Carmona no transcurre por los escenarios habituales de las obras de este género, por lo menos de las que se escriben en estas latitudes, por eso la apuesta era arriesgada doblemente. Y desconozco la repercusión que puede haber tenido Correr a ciegas, pero es de esos libros que cualquier aficionado al género negro debería leer inmediatamente. Como mañana seguramente muchos habrán acabado sus vacaciones -otros muchos ni siquiera las habrán tenido porque tal vez ni siquiera tienen trabajo pero esa es otra desgraciada historia negra sobre la que muy pocos escriben- lo mejor que se puede hacer para superar el trauma del reencuentro con la realidad laboral es regalarse este libro. Porque los libros buenos no caducan y este es muy bueno.

Tal vez habrá que explicar de qué va la cosa y por qué este libro es tan bueno. Eder Campos, nuestro protagonista, recibe la visita de Koldo, amigo íntimo de juventud y miembro de un comando de ETA. Le deja una mochila. Dos días despúes no viene a buscarla y le acribilla la Guardia Civil cuando tenía que reunirse con Eder, que nunca ha militado en la organización pero que sabe que tiene que salir corriendo. El primer billete disponible desde Madrid es a Managua. En el avión conocerá a dos cooperantes catalanas que le ayudaran a la vez que todo el mundo empieza a correr tras de si. La historia de Eder se mezcla con la de Yadira, una de las muchachas que en 1980 participó en la campaña de alfabetización del gobierno sandinista y a través de la cual vemos el fracaso de las revoluciones, el desencanto absoluto.

El libro es interesantísimo tanto por el punto de vista como por la construcción de la trama: cambios de focalización, suspensión de la trama principal, introducción de tramas secundarias y la creación página a página de esa atmósfera de desencanto pero a la vez con una pátina de esperanza, estan al alcance de muy pocos escritores. Javier Díez Carmona las maneja con una habilidad sorprendente que nos permite transitar con absoluta perfección entre Bilbao y Nicaragua y entender perfectamente por qué el país centroamericano no sale en los noticieros. Ya no interesa. Pero Díez Carmona nos hace empatizar tanto con esos personajes secundarios de la historia que es inevitable pensar cuantas camisetas solidarias vendimos en su momento para el Frente Sandinista. Un par de buenas películas, un par de buenas canciones y ahora este magnífico libro que interesará a todo el mundo que ame la buena literatura.

SEBASTIÀ BENNASAR