Un relato, a fin de cuentas, equilibrado y maduro

Quizá hace falta que un episodio de la historia termine, para que la ficción empiece a alimentarse de él. No hace mucho, la escritora Almudena Grandes decía que de esta crisis en el futuro saldrían grandes novelas. En el futuro, es decir, con la distancia del tiempo, del que puede mirar atrás y valorar lo que ha vivido. En los últimos meses, estamos asistiendo al fin del terror de ETA, a su abandono definitivo de la violencia y a su quizá próxima disolución definitiva. Por esa razón, quizá sea este el momento en que empiecen a llegar, de forma natural, novelas que nos cuenten historias personales (inventadas o no) relacionadas con la presencia de la banda armada desde 1958. Porque hasta el momento las hay, pero no son demasiadas.

No hace demasiado, la editorial barcelonesa Meteora publicó una breve novela que transitaba por esta temática, Donostia, de Jon Lauko. Ahora, bajo el mismo sello, aparece Correr a ciegas, del bilbaíno Javier Díez Carmona. La novela arranca con el encuentro de dos amigos en un piso de Bilbao: Eder y Koldo. El segundo pertenece al comando Bizkaia de ETA y tiene planes de volver a actuar con la banda terrorista, a pesar de que Eder le intenta convencer de que no lo haga. Koldo le asegura que no tiene otro remedio y le pide que le guarde una bolsa unos días, pero nada sucede como esperaban y Eder, temeroso de que lo involucren con la banda, decide escaparse inmediatamente: primero a Madrid y, desde allí, a Nicaragua.

En Managua decide quedarse con unas chicas que ha conocido en el avión, pero pronto se dará cuenta de que es difícil escapar de la justicia. En la capital también conocerá a otras personas, como Yadira, quien aparece en la novela primero como una pequeña huérfana que se ve obligada a ir a las montañas a vivir con un desconocido que la acoge. Nicaragua vive, en los primeros años de la niña, bajo la dictadura de la familia Somoza, quienes caen en 1979 en favor del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La joven va creciendo bajo dictadura, revoluciones, promesas, expropiaciones y sueños frustrados, pero todo eso le ayuda a hacerse una mujer cada vez más fuerte.

Correr a ciegas no solamente toca el tema de la disparidad de posiciones dentro de la banda  (unos que creen que hay que seguir con la lucha armada y otros que creen que hay que abandonarla), sino que también se mete de lleno en la huida de los miembros de ETA a países de Hispanoamérica como Nicaragua. La novela, no obstante, no se limita a hablar de ETA (en realidad, el autor no entra en demasiados detalles porque la trama no los necesita), sino que también hace un recorrido por los últimos treinta años de la historia de Nicaragua, lo cual hace que la historia vaya ganando atractivo. Además, hay que destacar que el desencadenante de los hechos es la consecuencia de un gesto de amistad sin fisuras, el que hace Eder por su amigo Koldo: puede que ambos sean muy diferentes en cuanto a ideas, pero uno está dispuesto a arriesgarse por el otro y ese espíritu de sacrificio del protagonista lo acompaña durante toda la novela. La trama se desarrolla a buen ritmo en todo momento y lo cierto es que se nota una novela bien documentada (Díez Carmona estuvo algunos años cooperando en proyectos solidarios en Nicaragua). Un relato, a fin de cuentas, equilibrado y maduro.

Llegir en cas d´incendi

Manel Haro